360º

Salió de la cárcel para matar

Salió de prisión y a los cuatro meses reincidió: mató a una comerciante durante un intento de abuso.

Cuando Jorge Romero (28) entró a la panadería tenía las manos llenas de sangre. Compró un agua y la usó para enjuagarse. Tenía una gorra, una remera negra y un jean camuflado. Para excusarse dijo que se había peleado pero en realidad acababa de matar a una mujer. Viajó 22 kilómetros buscando atacar en un lugar donde no lo conocieran y después del crimen regresó a su ciudad; se entregó al día siguiente. 

Gabriela Degiorgio (36) tenía un local de diseño. También trabajaba como ambientadora y diseñadora de eventos. Estudió en la Universidad Nacional del Litoral y estaba casada con Carlos Navarrete, con quien tuvo dos hijos. 

Estaba atendiendo su negocio en Esperanza, una ciudad de 42 mil habitantes ubicada a 40 kilómetros de Santa Fe capital, cuando Romero entró. No está claro si primero quiso robarle o si fue directo a atacarla. Pero no hay dudas: para los investigadores el móvil del crimen fue una agresión sexual.

Romero vivía en Recreo, una ciudad a 22 kilómetros de Esperanza, más cerca de la capital provincial. Ese día tomó un colectivo, bajó en la terminal y caminó sin rumbo aparente hacia el local de Gabriela. Buscó a su víctima y la atacó. “Podría haber sido cualquiera, creemos que eligió al voleo y entró a un negocio en el que hubiera una mujer sola”, confiaron los investigadores a Clarín.

El atacante estaba solo y no pasó más de 20 minutos en Esperanza: entró al negocio, mató a Gabriela y se fue. A los 100 metros entró a una panadería y compró un agua para lavarse las manos. Después regresó a Recreo en un remís.

Gabriela Degiorgio, asesinada en su local de accesorios en Esperanza, Santa Fe.

Gabriela Degiorgio, asesinada en su local de accesorios en Esperanza, Santa Fe. FOTO: .

Cuando llegó a su casa se cambió la ropa. La Policía encontró las prendas manchadas con sangre al día siguiente después de un allanamiento. Romero escapó a Santa Fe, donde finalmente se entregó: “Dejen de buscar, soy yo el que mató a la mujer”, dijo en la comisaría, según relató el fiscal Alejandro Benítez.

Romero tenía antecedentes, ya había atacado de la misma manera. El 16 de julio de 2013 entró a una panadería en el sur de Santa Fé para pedir trabajo. Le dejó todos sus datos a la empleada hasta que saltó el mostrador e intentó abusar de la mujer. Como se defendió, la golpeó en el suelo hasta que entró un cliente y la ayudó. Se escapó con la plata de la caja y lo detuvieron poco después, porque la víctima había anotado su nombre y su teléfono antes de la agresión.

Por ese hecho Romero fue condenado a seis años de cárcel. Cumplió su pena completa el 16 de julio de 2019. Cuatro meses después volvió a atacar. 

Según estadísticas del “Observatorio Ahora que si nos ven”, ya son 275 mujeres las que fueron asesinadas en 2019. Las cifras no contabilizaron noviembre y no incluyen los femicidios de los últimos días.

Jorge Alberto Romero confesó haber matado a Gabriela Degiorgio en su local de Esperanza, Santa Fe.
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